viernes, 14 de febrero de 2014

EL PARTIDO DE LA CENTRAL OBRERA

La lucha dentro de la COB por romper su estructura clasista, se ha iniciado desde la fundación de la COB misma en el 17 de abril de 1952, en que, como consecuencia de la preeminencia de las fracciones reformistas alimentados desde MNR, se la logró mediatizar durante 6 largos años, impidiendo que las masas pudieran madurar al calor de los acontecimientos sociales que fueron la levadura de los acontecimientos del 9 de abril del 52. El artífice de la partidización de la COB y de su utilización como comando laboral del MNR, fue Juan Lechín. El famoso co-gobierno MNR-COB, fue una trampa a la que fueron conducidas las masas por obra y gracia del Rasputín del sindicalismo boliviano. Los motivos que tenía este acomodaticio líder, fue sin duda de carácter personal, buscando acomodos políticos relacionados a la lucha de las cúpulas del movimientismo por la sucesión presidencial. No haber  logrado por las vías de la “democracia” interna del MNR, que la COB se convirtiera en “su” partido para utilizar el contrapeso de las organizaciones de trabajadores en los conflictos intestinos del MNR, cuando  el movimientismo ya había entrado en procedo de descomposición a partir del reconocimiento de su incapacidad para llevar al movimiento obrero hacia otra cosa que no fuera el nacionalismo revolucionario, le llevó a fundar su propio Partido: el PRIN. 

El PCB que aun no había entrado en su proceso de descomposición y el POR, impidieron que la COB se convierta en el soñado partido. El PRIN difuminado entre las sombras del emenerrismo y el anarco-trostkismo, no logró que se obligara a la COB, a jugar el rol de colchón de amortiguación, de intermediación entre los conflictos sociales emergentes y las direcciones políticas reaccionarias del MNR  que les alejaban cada día de las viejas consignas de los días previos abril del 52 y de la Tesis de Pulacayo.  A pesar de su origen y sus vinculaciones con la COB, el PRIN estaba empequeñecido como consecuencia de no haber podido arrastrar detrás de su aventura, al grueso de las masas obreras y populares ni alcanzó a jugar el rol de la “izquierda nacional” del MNR, frente a la derecha feudal arrinconada y derrotada como consecuencia de la Nacionalización de Minas y la Reforma Agraria que les habían despojado de los dos pilares de su poder económico.  Todos los gobiernos, incluso el propio Hernán Siles, lucharon por transformar a la COB en su propio instrumento, e incluso, al no haber podido haberlo conseguido, pretendió crear la COBUR, como organismo paralelo. Solo la madurez de las masas y las direcciones consecuentes, impidieron que esta maniobra se consumara. Contra esta corriente clasista de la COB, surgieron desde 1965, las corrientes a contrapelo de la corrientes socialista de la mayoría de los sindicatos obreros, algunas organizaciones de composición de clase media, políticamente débiles, que pretendieron discutir  su naturaleza clasista y lucharon por abrir la estructura orgánica, a las corrientes tradeunionista del sindicalismo libre buscando entregar la dirección de la COB a organizaciones gremiales y campesinas basados en su simple mayoría numérica, sin consideraciones de orden político. Para esta corriente y los resabios del nacionalismo revolucionario, seguramente eran unan amenaza el surgimiento de tendencias que buscaron soldar el movimiento obrero, con los movimientos que asomaban en el mapa político de América Latina, buscando el Poder por la vía de la acción armada. Por otro lado, ya la llamada Tesis Socialista de 1972, era un severo anuncio de la clase trabajadora que pretendía jugar su rol articulador en dirección a la construcción de un programa socialista,, alejándose de las corrientes pequeño burguesas del nacionalismo revolucionario que pervivía en algunas organizaciones políticas, visión que constituía una verdadera amenaza que desestabilizaría el predominio imperialista en la Región, predominio que había sido puesto en cuestionamiento por la Revolución Cubana y sus repercusiones en Guatemala, el Salvador y Nicaragua. El proletariado minero, como vanguardia del proletariado boliviano, tiene una profunda vocación de lucha. Por  otro lado, la COB es una de las pocas organizaciones de trabajadores a nivel mundial que conserva la unidad nacional del movimiento de trabajadores y se constituyó no solo en el portavoz de los trabajadores, sino de varias organizaciones de clase media, como los estudiantes, los universitarios y los jubilados que habían perdido su cualidad intrínseca como trabajadores activos. Por esto, en muchos períodos de crisis sociales, ha sido el único interlocutor válido frente al Estado,  por encima de los conflictos internas de los partidos de la propia izquierda. Por eso, no solo los gobiernos, sino las organizaciones políticas de origen pequeño burgués, han pensado que era necesario someter a la COB a la línea de la democracia burguesa funcional a sus intereses. De esa forma, la COB ha sido objeto de todo tipo de recursos tendentes a romper su orientación revolucionaria, el predominio de la izquierda revolucionaria y el pensamiento marxista leninista. Gracias a los amarres y las mediaciones, pudo sobrevivir Lechín por largos a la cabeza del movimiento obrero y con posterioridad, algunos de sus leales acólitos, como Víctor López, lograron sobre vivir en una dirección lechinista, sin Lechín.

En el curso de las conclusiones del XV Congreso de la COB llevado a cabo en Tarija, algunos trabajadores que no han sido claros precisamente en su conducta política, como Jaime Solares, aliado con la Federación de Trabajadores Mineros Asalariados y los Maestros Rurales de La Paz, han propuesto, como una de las conclusiones de la Comisión Política, la necesidad de la creación de un Instrumento Político que sea propio de los trabajadores, del que seguramente la COB será una de sus instancias orgánicas. Que parecido al IPSP del masismo, instrumento del que posteriormente,  no solo entraron a formar parte de ella las organizaciones sociales afines como cocaleros colonizadores, etc,  sino que también fueron cooptados sindicatos y federaciones e incluso algunas CODES y CORES, al margen de la cooptación de dirigentes de algunas organizaciones políticas. Esta estrategia antipartido, logró desvincular a la dirección del partido y los incorporó como individualidades al proyecto populista, sin permitir que las  organización políticas a las que pertenecían, pudieran incorporar sus propias visiones políticas programáticas en las acciones de gobierno. Todos sabemos que no fue gracias a su arrepentimiento que Pedro  se desvinculó del MAS, sino como consecuencia de los escándalos del gasolinazo, caso contrario, la COB hubiera pasado a ser  una “organización social más” y Pedro Montes, un militante del partido oficialista.  Las maniobras de algunos sectores “mayoritarios” que incluso se consideran “más productivos que los mineros”, como los campesinos y los gremiales, o numéricamente más importantes, como los propios campesinos, los gremiales o los maestros rurales penetrados por al pachamamismo masista, son también parte de esta quinta columna que pretende penetrar en la COB para destruirla desde adentro.

La tendencia a organizar un partido de los trabajadores desde la COB, conlleva graves peligros. Para empezar, el “Partido”,  tiene naturaleza clasista, refleja intereses de clase; pero el Partido revolucionario, además de ser una expresión clasista de la política,  como expresión clasista de la lucha de clases, además de comprender los intereses de la clase trabajadora,  de por sí es amplia y está compuesto por varias clases sociales y  estamentos, bajo la dirección política e ideológica del proletariado que se constituye en su vanguardia, pero además de reflejar los intereses de la clase trabajadora, refleja también los intereses de las demás clases que se  subordinen al programa y a la dirección de la clase trabajadora. El Partido que pretenden organizar los neo-marxistas o los acólitos de escuelas que propalan el discurso del fin de la historia y la superación del marxismo en todas sus variables, indigenistas, socialistas de siglo XXI y otras corrientes revisionistas y anti-obreras, busca crear un instrumento político neutralizado por el peso numérico de la clase media  y del campesinado, es decir, mediatizado por el peso numérico de la burguesía urbana y rural y el lumpen proletariado. Creen la teoría jukuyamista que, terminada la historia y superado el marxismo, no queda lugar para el Partido Revolucionario y que, en consecuencia, cualquier resquicio es bueno para la cooperación de clases, para dar fin con el sindicalismo revolucionario y soldarse con proyectos vinculados con el capitalismo humanizado. El Partido Revolucionario, debe ser una estructura abierta,  proclive a las alianzas estratégicas y sus compromisos con políticos, ideológicos. En cambio el sindicato, es decir, la COB, basa su existencia orgánica sobre vínculos de tipo laboral y nada más, independiente de cuestiones de tipo ideológico o doctrinal. La base del sindicato, está basada en la condición de dependencia del trabajador. El Partido de la COB o de la clase trabajadora estructurada sobre la base de la COB, porque fundamentalmente debe acoger a sus miembros por su sola condición de tipo laboral, debe ser democrática y  políticamente independiente, aunque en su seno puede  desarrollarse luchas ideológicas importantes. Estas luchas internas, deben su acción al Partido que vive en los Sindicatos. El sindicato no crea la ideología. La ideología entra al sindicato desde afuera, por la acción del Partido. Por eso, pretender crear un Partido desde la COB, o peor aún, sobre la base de la COB, sería incongruente con sus objetivos institucionales. La lucha ideológica la debe desarrollar el Partido, no el sindicato. La clase transita de su condición de clase en sí, a su condición de clase para sí; pero el sindicato, como consecuencia de su naturaleza democrática, en ningún momento puede tener vocación de Poder, so pena de caer en desviaciones corporativistas.  La COB no tiene unidad ideológica. Pretender estructurar un Partido sobre su base, está buscando hacerle jugar un rol de Partido que le es ajeno. Si vemos las cosas con puridad, no será ni siquiera un buen aliado,, porque por su naturaleza democrática a la que hemos hecho referencia tantas veces, no puede tener unidad ideológica y su acción estaría sujeta a la circunstancialidad de sus cambios de dirección, de orientación política de sus direcciones y conforme a las tendencias dominante. Si tenemos en cuenta que el sindicalismo amarillo no parará en su objetivo de perforar a la COB en su naturaleza de clase, el peligro de la desnaturalización del Partido como expresión de la lucha de clases, puede también terminar por amenazar a la COB.  El Partido de la COB o estructurado sobre la base de la COB, por su preponderancia sindical,  debería sujetarse a la democracia interna propia de las organizaciones laborales y la línea política se sujetaría a la circunstancialidad de las mayorías o las minorías.  En esta situación, incluso la Tesis Política de la COB que no es otra cosa que la expresión de una tendencia dominante, hace depender su realización y desarrollo,  sujeto a esa circunstancialidad y la orientación y composición de su dirección orgánica y eventualmente, sujeta a la correlación interna de fuerzas. El Partido de la COB o estructurado sobre la base de la COB obligaría a las organizaciones de trabajadores, es decir, a los sindicatos, a afiliarse por ¿“disciplina sindical”, dejando de lado la cuestión de la lealtad a la línea del Partido que no es una cuestión orgánica, sino ideológica?. Las discrepancias alrededor de este proyecto, puede desencadenar al interior de la COB, luchas internas y el fraccionalismo que pudiera empujar a algunos sectores, a alentar el divisionismo y la aparición de Cobes  paralelas con diversa tendencia política e incluso oficialista. La organización del sindicato es permeable a la lucha de clases y tendencias como consecuencia de su naturaleza de democracia obrera y su línea política puede variar como consecuencia de esos cambios de estructuras internas de dirección. En el Partido Revolucionario, no pueden ocurrir esas eventualidades, porque el Partido tiene una línea ideológica y una estructura de dirección que no puede alterar ni modificar la base ideológica como consecuencia de los cambios en su dirección interna, salvo que estas alternaciones o modificaciones se resolvieran como consecuencia de sus propios mecanismos democráticos. El sindicato debe tener independencia ideológica respecto de las políticas de la clase dominante. El Partido Revolucionario debe desarrollar al interior de los sindicatos, una tenaz lucha para conquistar a los trabajadores a las posiciones revolucionarias para comprometerlos ideológicamente. El Sindicato no tiene necesariamente, coherencia ni consecuencia ideológica porque su objetivo no es político, por lo menos en un principio de la lucha, mientras no alcance el nivel de lucha ideológica:  nos lo mostraron las elecciones presidenciales de 1997 en que los sindicatos mineros de Siglo XX, lo más preclaro de la vanguardia obrera que en 1972 aprobó  la Tesis Socialista,  15 años después, votaron a favor de Hugo Banzer, que no hace muchos años atrás, era un tenaz enemigo de los  sindicatos obreros y sus direcciones revolucionarias y que el 4 de noviembre de 1976, prohibió los sindicatos. En cambio, en el Partido Revolucionario, la coherencia ideológica no solo que es una condición, sino una necesidad porque es un elemento que garantizará que la acción obedezca a un solo impulso y que el impulso tenga una dirección consciente. El Partido cuya creación está propuesta en el  Congreso de la COB, es decir sobre la base de la COB, tendría una limitante traumante: por un lado, la línea del Partido y por otra, la inconsistencia  del sindicato, como consecuencia de la presencia de determinadas fuerzas en su composición interior. Tal como decimos, el sindicato está compuesto por personas solo consideradas por su relación laboral, al margen de su tendencia ideológica y por lo tanto, no se le puede pedir homogeneidad ni consecuencia con el Partido. Lo mismo que pasa al interior de las organizaciones sociales que son base del gobierno del MAS: las organizaciones sociales no pueden funcionar como partido, porque son heterogéneas ideológicamente y solo un compromiso circunstancial las ata a Evo Morales, compromiso que puede estar sujeto a la presión de determinadas direcciones. El sindicato, que es una organización democrática, es decir donde conviven diferentes tendencias y diferentes ideologías, no puede ser homogéneo y sería una falsedad pretender asegurar al Partido, una militancia constituida por trabajadores considerados solo en razón de su actividad laboral, al margen de su ideología. Esa heterogeneidad, terminaría por trasmitirse al Partido y la línea del Partido dependería de la composición orgánica del sindicato. Para qué vamos a especular sobre la naturaleza del sindicato como instrumento de defensa de los intereses económicos de los trabajadores y el proceso político de maduración que la empujaría a buscar el Poder por medio del desarrollo de la lucha ideológica, es decir, política; pero el Partido revolucionario tiene como su objetivo histórico, la toma del Poder como cuestión sine qua non,  como una cuestión fundamental, dentro del que la cuestión del salario o las condiciones materiales del trabajo, son solo componentes  del nuevo modo de producción basada en la socialización de los medios de producción como medios para alcanzar los objetivos estratégicos del socialismo: de cada cual conforme a sus capacidades, a cada quien conforme a su trabajo.

El Partido vive en el Sindicato, porque es su medio de relacionamiento directo con las masas de trabajadores; pero los trabajadores sindicalizados, no son sino una parte, si bien importante, de los trabajadores, porque además, hay  otros trabajadores sometidos de relación de subordinación a un patrón, que no son sindicalizados, como algunos trabajadores intelectuales u otros de pequeños talleres; por eso el sindicato no  puede vivir en el Partido. Sus objetivos históricos no son coincidentes. En las primeras épocas de la revolución socialista, en sus primeros momentos, subsistirá la lucha de clase y  el Partido requerirá de los sindicatos como un nexo de comunicación con las masas organizadas; pero el Partido, al igual que el Estado, deberá extinguirse,  porque solo ambos solo se explican dentro de la sociedad dividida en clases.  Lo ideal sería que los trabajadores y la izquierda revolucionaria, construyeran el Partido Revolucionario que es una tarea que debe ser encarada, so pena de condenar a los trabadores y al pueblo, a un nuevo período de frustraciones a que nos someterá el masismo, sin la alternativa de una organización política que presente al pueblo, un Nuevo Proyecto basado en el reconocimiento del proletariado, como el guía y sostén del proceso de apertura a la construcción del Estado Socialista, al frente de las clase media, los intelectuales, la burguesía productiva y  los campesinos. Hemos vivido experiencias frustrantes con relación al Frentismo por el frentismo, sin un Partido Revolucionario que vanguardice  el proceso y que se ponga a la cabeza con un programa clase y bien delineado. Solo la unidad alrededor de un programa revolucionario garantizará a los trabajadores bolivianos un Estado de Dignidad basado en el trabajo y la producción.

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